miércoles, 12 de marzo de 2014

Los productos homeopáticos... ¿Ciencia o ficción?

Hace unos meses se anunciaba en medios de comunicación que el Ministerio de Sanidad, dirigido por Ana Mato, pensaba regular los productos homeopáticos para equipararlos a los medicamentos.

Ahora bien, ¿se puede considerar medicamento un producto homeopático?


Según la Real Academia Española (RAE), un medicamento es una sustancia que, administrada interior o exteriormente a un organismo animal, sirve para prevenir, curar o aliviar la enfermedad y corregir o reparar las secuelas de ésta.

Todo medicamento antes de ser autorizado por el Ministerio de Sanidad y Consumo debe ser estudiado, llevándose a cabo una larga investigación de entre 15-20 años. Se realizan ensayos clínicos donde se analiza la composición química del producto y su principio activo. Se emplean sistemas modelo, como animales de laboratorio, para determinar la eficacia del compuesto y sus posibles reacciones adversas. Seguidamente, se realiza el estudio con humanos. Todo ello es regulado, controlado y comprobado por una Entidad Competente.



Los productos homeopáticos están formados por sustancias naturales sometidas a sucesivas diluciones. La disolución final de esta producción está compuesta de agua. Apenas presenta un concentrado del producto natural. ¿Cómo es posible que haga efecto si apenas tiene principio activo?


Lo cierto, es que científicamente no se ha demostrado la eficacia de los productos homeopáticos. No se ha seguido un estudio ni una investigación que demuestre que tales productos naturales son, específicamente, para su fin terapéutico. Hasta día de hoy, la única explicación al efecto curativo de los productos homeopáticos es el llamado efecto placebo. Es un fenómeno por el cual los síntomas de un paciente pueden mejorar mediante un tratamiento con una sustancia inocua, es decir, una sustancia sin efectos directamente relacionados con el tratamiento de los síntomas o la enfermedad. La explicación fisiológica para este efecto es la estimulación de una zona específica del cerebro, dando lugar a la producción de cortisol, noradrenalina y adrenalina, hormonas que pueden activar localmente las células inmunitarias e inhibirlas regionalmente. Así, las células inmunitarias controlan la liberación de otros neurotransmisores al organismo. Todo está regulado por la mente, que daría como resultado la mejoría del cuadro sintomático del paciente. Es decir, el propio paciente puede autoinfluenciarse por la sensación de ser tratado o la esperanza de curación, y como resultado puede encontrarse mejor o incluso facilitarse su recuperación.

Efecto placebo: milagros de la mente

En resumen, no puede considerarse medicamento un producto que no ha demostrado su eficacia, que no ha sido revisado por una Entidad Competente y que está compuesto por agua. Sin embargo, el uso de la homeopatía como “engaño al cerebro", especialmente en el tratamiento de enfermedades psicosomáticas, o incluso, para la ansiedad o dolor en enfermedades agudas y crónicas puede ser de gran utilidad. De este modo, si funciona, se puede evitar  la administración de medicamentos potentes capaces de causar graves efectos secundarios.

Por tanto, siempre y cuando la mentira sea para la mejoría de bienestar y salud de un paciente y no con fines comerciales y económicos, desde mi punto de vista, es una terapia sana pero no una medicación.


Referencias: 
1.- Josep Eladi Baños Díez, Magí Farré Albaladejo
Principios de farmacología clínica
2.- Untitled
El Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad publica el primer documento de análisis de situación de las terapias naturales 
http://www.msssi.gob.es/novedades/docs/analisisSituacionTNatu.pdf
3.- Untitled
Desarrollo de fármacos
http://www.amgen.es/doc3.php?op=profesionales_medicos2&ap=biotecnologia&sub=bio6

No hay comentarios:

Publicar un comentario